Días atrás observe un vídeo de un chico que realizaba preguntas
relativamente fáciles de responder a un grupo de jóvenes en las calles.
Las preguntas versaban sobre geografía y/o álgebra elemental. Sin
embargo, la mayoría de las respuestas fueron erróneas e incluso
disparatadas.
Lo peor, algunas jóvenes se vanagloriaban incluso de ejercer de profesores de matemáticas de primaria. ¿Por que seguimos juzgando a las personas por su conocimiento? Achacamos la culpa a el hogar, los padres o a la sociedad? Tiene parte de responsabilidad la explosión de las redes sociales hace más de una década? El uso desmesurado de los teléfonos móviles celulares incluso agranda aún más la brecha?
Muchas preguntas, pocas respuestas.
Para quien tenga hijos pequeños hoy en día, la tarea se percibe harta y difícil de soportar.
Primero, porque ni siquiera reflejamos ejemplo en ellos, ya que estamos
igual de entrampados en esta red que creemos la panacea del mundo, que
no es otra que mantenernos constantemente llenos de estímulos a través
de la herramienta mencionada anteriormente. Segundo, no queremos
conocimiento porque creemos a pies puntillas que lo poseemos, cuando en
esta época de mayor información, realmente vivimos más ajenos e
ignorante a la realidad que nunca.
No quiero ser pesimista, pero mantenernos distraídos en banalidades, pocos instruidos en elementos básicos para la vida cotidiana y además ajenos a los sucesos incluso de nuestro barrio o pueblo simplemente pasa factura.