A cualquier hora del día somos invadidos por una cantidad de información
abrumadora. Por lo general no se refieren a buenas noticias. En España,
estamos asistiendo a la puesta en escena a diario de escándalos a cada
cual mayor. En entradas anteriores me he referido al agotamiento de la
figura del líder, pues mucho tiene que ver con este tema. Se nos satura
de información, se nos atraganta con el mismo guión una y otra vez acerca
de hechos muchas veces parcializados por ideologías. Asistimos a la
decadencia de una sociedad parcializada y sesgada, marcada por
diferencias culturales abismales, donde no se busca el consenso sino más
bien la retórica.

Extasiados con nuestros dispositivos móviles, nos creemos que manejamos
y conocemos información de primera mano, cuando la realidad es otra. Y
es otra porque simplemente como hace referencia Robert Amsterdam
(Abogado centrado en litigios internacionales y mercados emergentes) "Lo
único que hacemos es leer a personas con las que estamos ya de acuerdo
en las redes sociales. No escuchamos otros puntos de vista, no vemos
ángulos diferentes".

Nos creemos el relato oficial. Somos controlados por un grupo que pretende tapar sus desmanes a punta de demagogia y engaño. Y no, no me
refiero solo al ámbito político, me refiero al social y comunicacional. Internet se ha convertido en un campo minado donde disentir y
expresar las ideas que crees que son tuyas, se ha vuelto una osadía.