Las redes se han convertido no solo en un vertedero público, sino además creemos que nuestros puntos de vista son los verdaderos. Nunca hemos estado tan inmersos en un espiral de scroll infinito de banalidades que lejos de cultivar nuestro intelecto, nos sacian más bien de perdida de atención y déficit de concentración. Atrás quedan esas conexiones a comienzos de los años 2000 en módems que con sus característicos sonidos nos hacían soñar con comunicarnos con otros, bien sea a través de las big tech o simples bbs.

Lo que otrora fuera un hecho necesario para conectar personas, hoy en día se ha vuelto un transmisor de memes y bulos vitaminados de IA y/o egolátras capaces de discernir de temas tan dispares como copos de arena en un desierto. ¿Que hubiera sucedido si la pantalla del iPhone en 2007 no hubiera tenido éxito? ¿Continuaríamos enviando mensajes en teclado QWERTY con pantallas ínfimas?

¿Qué supondría en términos de enseñanza un mayor poder de concentración alejados de las pantallas? ¿Tendría el mismo efecto redes con poca imagen y descentralizadas?

Quien se encuentre leyendo hasta aquí, ha intuido que quien esto escribe ha vivido tanta la era análoga como la digital. Y les aseguro que añoro mucho la primera. Esto que vivimos ahora, no se si llamarlo distopía o un arealidad jamás esperada. Como entes dormidos caminamos con estos dispositivos por la vida, perdiendo un tiempo valioso que jamás, repito jamás lograremos recuperar. Es una nueva droga sin duda, una que no respeta ni siquiera a los menores, porque son los primeros en ser expuestos ante ellas.

Totalmente absortos en pantallas, somos sodomizados una y otra vez atragantándonos de contenido falto de cultura e incluso poco ético.
La mesa de los hogares se ha convertido en reposadero de terminales para dar likes y me gusta a la vida de otros que todos sabemos no es su propia vida.

Inmersos y atrapados, así estamos extasiados consumiendo no contenido, sino más bien nuestras vidas en algo tan mundano que vistos desde una perspectiva anterior nunca lo hubiéramos imaginado.